La soledad del ejecutivo: Conversar,una herramienta de gestión

Frente a los retos y la cotidianidad de sus labores, el directivo está solo. Piensa, no puede dormir, lo asaltan temores, tiene que tomar decisiones, se demora, sufre.  Conversar entre pares, entre gerentes, socios y directivos de empresas que pueden parecer disímiles pero que comparten experiencias similares, puede ayudar a reducir los síntomas de stress y aportar sugerencias útiles de vías de toma de decisión. Eso es lo que hacemos en VISTAGE.

Un nuevo cliente con un potencial importante le dice al gerente general que va a pensar la propuesta y va a contestar en los próximos días. El gerente general desarrolla en su cabeza los escenarios posibles según sea la respuesta de su cliente. ¿Con quién comparte sus ideas, sus sentimientos, sus fantasías, sus ganas, sus miedos? ¿Con su secretaria, con el gerente de finanzas (un hombre bastante más joven con bastante menos experiencia), con su mejor amigo, en su casa?

El presidente de una empresa se despide del presidente de otra empresa con quién han estado conversando sobre una posibilidad de acuerdo para desarrollar un proyecto en común. Al retirarse su visita se queda solo en su oficina. ¿Con quién conversa sobre la intimidad de lo que pasa por su cabeza, de sus sentimientos, de sus sensaciones?

El gerente de producción de la compañía sale de la reunión semanal de gerentes con el gerente general. Durante la reunión se dijeron cosas sobre su sector que no sabe si tomarlas como una colaboración, como un llamado de atención, como una crítica. ¿Con quién puede conversar sobre lo que le pasa a él mismo con todo lo que escuchó en dicha reunión? ¿Con su colaborador más cercano, que juega al tenis con el gerente de finanzas, con su equipo de trabajo (un grupo de jóvenes recién salidos de la universidad algunos y otros hace poco ingresados a la empresa)?

La experiencia nos enseña que el número uno, el que dirige a todos, es el único que no tiene pares, por lo tanto es el que más dificultades tiene para sostener una conversación en confianza. ¿Con quién lo habla? Con nadie. Queda solo rumiando sus ideas, sin que haya progreso o variación de las mismas. A veces lo hace con un amigo, ajeno a la empresa, que lo puede seguir hasta ahí nomás, porque no le interesa, porque le interesa pero no sabe que decirle, o porque se siente abrumado por sus propias cosas.

Otros que en los últimos tiempos empiezan a sentir necesidad de tener a alguien con quién conversar, son los gerentes, que a diferencia del caso anterior sí tiene pares. Pero muchas veces los tiene lejos, no solo en espacio, también en tiempo.

Todos tenemos necesidad de conversar con alguien, después de la subsistencia es la necesidad más primaria. Conversar proviene del latín y quiere decir “vivir con alguien”. Si carecemos de ese “vivir con alguien” nos falta una parte muy importante para nuestra supervivencia.

Muchas conversaciones se evitan por que deben sostenerse con personas difíciles, personas que quieren imponer su punto de vista, que no escuchan, que escuchan pero no aportan, gritan, son agresivos o utilizan lo que escuchan como proyectiles contra el que habló.

Pero otras se evitan solo por vergüenza, por temor a ser mal interpretado, a que sea considerado como un signo de debilidad. Nuestra sociedad es cada vez más deficitaria en las relaciones sociales, eso se refleja también en la empresa, se instala la falta de confianza entre unos y otros, entonces tampoco lo quiere hablar con sus pares. La competencia y la supervivencia organizacional hace que el débil sea expulsado. No es cobijado y ayudado, es dejado de lado. La creencia negativa instalada es que aquél que muestra una necesidad es débil, y si es de conversar (considerada una actividad devaluada) aún más débil.

Contrariamente a esta creencia la conversación genera fortaleza, fortalece a las personas y los vínculos, por lo tanto mejora la organización, le agrega valor.

En VISTAGE tomamos la iniciativa para que entre gerentes de empresas y organizaciones se abran espacios de conversación. Estas conversaciones grupales se pautan quincenalmente, y cuentan con un moderador que facilita las interacciones. Pero también ponemos a la disposición del directivo un espacio one-on-one con uno de nuestros chairmen, de manera que puedan revisar sus inquietudes de manera individualizada.

¿Cuáles son los beneficios? En primer lugar si los directivos cuentan con un profesional para conversar sobre sus inquietudes se evitan los problemas del aislamiento y la desconfianza. El aislamiento genera tanto síntomas físicos como anímicos. Problemas digestivos, cardíacos, nerviosismo, insomnio, irritabilidad, desesperanza y falta de alegría. Bajo estas condiciones el directivo debe tomar decisiones en su empresa y atender su familia. El resultado: demoras en el proceso de toma de decisiones, disminución de la iniciativa y de la creatividad, bajo rendimiento, que se transmite al conjunto de la empresa.

Un espacio para la conversación con un profesional permite compartir las emociones y los sentimientos, disminuir los síntomas, generar alivio y poner en marcha nuevamente los ciclos creativos.

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