De Bueno a Excelente

Por Jim Collins (“Good to Great”, HarperCollins, 2001)

Misión Posible

Dicen que los grandes vendedores nacen así, pero ¿se puede decir lo  mismo de las grandes organizaciones? No necesariamente, sugiere Jim  Collins en su libro “De bueno a Excelente.” (“Good to Great”) Mientras  que algunas empresas exhiben grandes cualidades desde el inicio, otras  se mantienen mediocres por años antes de distinguirse de las demás y  establecerse como líderes en sus mercados. El truco, dice Collins, está  en practicar los principios y comportamientos que ayudan a excelentes  organizaciones a superar su peor enemigo – ser “buenas”.

Por cinco años, Collins estudió empresas que se transformaron de  normales en líderes. Y comparó a estas empresas con organizaciones  similares que no lograron dar el salto o que alcanzaron algún grado de  excelencia pero no lo pudieron mantener. En este proceso, Collins  descubrió algunos principios clave de administración y liderazgo que  ayudan a las empresas a obtener resultados sobresalientes (definidos por  Collins como una serie de indicadores financieros) de manera permanente.

Collins sostiene que cualquier organización puede mejorar  sustancialmente su desempeño si adhiere a ciertos principios resumidos  en su libro.

Liderazgo adecuado

El camino hacia la excelencia no puede ser recorrido sin un “líder  adecuado”, alguien con cualidades muy diferentes a la mayoría de los  Gerentes Generales en la actualidad. Estas cualidades incluyen:

  • Predisposición. Los líderes adecuados priorizan su ambición para la empresa por sobre su ambición a propósito de sus carreras personales.
  • Humildad. Se ven a sí mismos como una parte de la máquina más que como el mesías liderando a la empresa a la tierra prometida.
  • Empuje. Tienen una resolución absoluta para lograr  los resultados deseados. Pero saben cómo obtener lo mejor de los demás  sin tener que recurrir al uso del poder del cargo.
  • Persistencia. Brindan el mismo esfuerzo, en cantidad y calidad, día tras día. No se desmoralizan por reveses temporarios.
  • Orientación. Adoptan perspectivas de largo plazo y no arriesgan sus resultados por ganancias inmediatas, cortoplacistas.
  • Responsabilidad. Cuando las cosas van bien, le dan  crédito a aquellos que los rodean. Y cuando los resultados no  satisfacen las expectativas, aceptan total responsabilidad por el mal  desempeño.

Por encima de estas cosas, estos líderes manifiestan una actitud  sincera de servir a los demás. Rechazan la noción popular de que los  grandes líderes tienen que tener todas las respuestas y conseguir toda  la gloria. En cambio, obtienen mayor satisfacción de ayudar a los demás a  obtener mayores éxitos.

 

Pegando el salto

Para transformar la empresa de buena a excelente, el líder tiene que  asegurarse de que la empresa adopte ciertos comportamientos. Collins  sugiere:

  • Conteste tres preguntas clave: ¿En qué podemos ser los mejores? ¿Qué  empuja nuestro motor económico? ¿Qué nos apasiona profundamente?  Combine estas respuestas en un concepto unificado simple, y después use  este concepto para dirigir a toda la organización.
  • Genere una cultura disciplinada, donde los empleados se esmeren por  voluntad propia para cumplir con sus responsabilidades y alcanzar la  visión y los objetivos de la organización.
  • No espere, ni intente, tener éxito de inmediato. El camino de bueno a  excelente requiere de un proceso gradual que resulta de muchas acciones  pequeñas y de decisiones implementadas con persistencia.
  • Evite programas que ofrecen soluciones rápidas. En cambio,  planifique para el largo plazo. Una vez que alcance un cierto punto, el  impulso adquirido se ocupará de mantener la mejoría.

En última instancia, sugiere Collins, empresas excelentes tienen  un propósito y un sentido que va más allá de la última línea del  balance. Aunque entienden la importancia de ganancias y flujo para la  supervivencia, no hacen de ellas el objetivo final de la empresa. Y  trabajan arduamente para mantener sus valores y su visión. Aunque pueden  revisar sus estrategias y prácticas operativas en respuesta a cambios  de mercado, su pasión y sus valores se mantienen firmes.

Las empresas que logran sostener este nivel de excelencia eligen sus  objetivos a largo plazo con una comprensión realista de quiénes son y de  qué son capaces, en vez de basarse en una ilusión falsa de sus  capacidades. Más importante aún, no descansan en su búsqueda de mayores  niveles de excelencia. Nunca dejan de practicar los principios que las  ayudaron a obtener su éxito actual.

 

 

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